Carlos Medinacelli autor de la célebre “Chaskañawi” refería que la música, “en nuestra vida es netamente pasional, obramos por impulsos bruscos, indiscriminados, irreflexivos, estimulados por una fuerza instintiva que no es la dirección de la voluntad consciente, sino el arrojo calenturiento de la fuerza de la sangre”, habida cuenta de que la música es una elaboración cultural cuya fuerza espiritual y simbólica se refleja fuertemente en la identidad de los pueblos, así es nuestra música que trasciende más allá de nuestras fronteras fueron músicos bolivianos que desde mediados del siglo XX difundieron nuestra música por escenarios en el mundo. Para conocer sobre su arte conversamos con Marcos Tabera, destacado músico boliviano que radica en Nueva York.
Carlos Medinacelli autor de la célebre “Chaskañawi” refería que la música, “en nuestra vida es netamente pasional, obramos por impulsos bruscos, indiscriminados, irreflexivos, estimulados por una fuerza instintiva que no es la dirección de la voluntad consciente, sino el arrojo calenturiento de la fuerza de la sangre”, habida cuenta de que la música es una elaboración cultural cuya fuerza espiritual y simbólica se refleja fuertemente en la identidad de los pueblos, así es nuestra música que trasciende más allá de nuestras fronteras fueron músicos bolivianos que desde mediados del siglo XX difundieron nuestra música por escenarios en el mundo. Para conocer sobre su arte conversamos con Marcos Tabera, destacado músico boliviano que radica en Nueva York.
DE LA TIERRA DEL ILLIMANI A LA GRAN MANZANA
El término de Gran Manzana se hizo popular allá en los años 20, gracias al cronista deportivo John J. Fitz Gerald quien introdujo a su columna del del New York Morning Telegraph lo siguiente: "el sueño de todo chico que haya montado una pura sangre y el objetivo de todo jinete. Sólo existe una Gran Manzana y es Nueva York".
Marcos Tabera inició su carrera musical en la tierra del Illimani el año 1980 con un grupo de barrio llamado “Latinoamérica”, al año siguiente fue invitado a ser vocalista de la agrupación Khonlaya pioneros de la música fusión en Bolivia...este grupo trabajó fusionando la música autóctona con ritmos occidentales además de caracterizarse por investigaciones etnomusicológicos tanto de los andes como de oriente boliviano.
El año 1986 Marcos se proyecta como solista, ya el destino le deparaba nuevos caminos porque se presenta con canciones de la agrupación más grande del mundo Air Suplay en un concierto en el estadio Hernando Siles de La Paz, posteriormente graba dos discos para Discolandia. En 1987 emigró a Buenos Aires, gana un concurso de canto auspiciado por Radio Bartolomé Mitre, luego en 1989 graba dos covers de Air Suplay y Super Tramp para Discolandia, a partir de entonces Marcos, lleva una carrera musical de cuatro décadas sin claudicar, salió de la ciudad La Paz en busca de nuevos horizontes, y se afincó en la Gran Manzana aquella ciudad multicultural, que nunca duerme.
FOLK FUSIÓN BOLIVIANO
Sobresalir e imponerse en la Gran Manzana no es fácil, pocos grupos musicales lograron espacios de actuación importantes como grupo Aymara de Bolivia, allá por los años 80.
“Nuestra música es muy bien recibida por diferentes comunidades acá en Nueva York, prueba de ello es que accedemos fácilmente a medios de comunicación en comparación con Bolivia”, remarca nuestro entrevistado. Hace poco estuvo en una entrevista exclusiva con el destacado periodista Camilo Egaña en CNN.
Sin duda Marcos quizá es la excepción que logra imponerse con sus melodías de “Folk – Fusión boliviano”, precisamente en el centro de cultura más grande del mundo. El “Pajpaku” es un ejemplo; “composición mía, que, a través de la melodía y la figura literaria como el Oxímoron, describe a ese vendedor de sueños enquistado en el poder y otras instancias de la sociedad”, describe el cantautor. Otra; “la canción Jazmines al sol, tiene un ritmo de fusión, hay partes muy cercanas a la música árabe, también al carnavalito boliviano, un poco de Pujllay, todo mezclado con rock, intercalando el Oud árabe, el Glisentar, charango boliviano, percusión menor del medio Oriente y la clásica batería roquera”.
Para Marcos la música fusión es compartir dos o más vertientes musicales entrelazándolas, sin transgredir sus propias esencias, amalgamando y proyectando como unidad, en una comunión armónica, rítmica y melódica.
LA MÚSICA CON EXPRESIÓN DE RESISTENCIA
A Marcos le preocupa la realidad humana, esa realidad, que lo lleva interiormente a estados emocionales y es expresada musicalmente, “mi inspiración surge del agravamiento y la proliferación de feminicidios y abusos a la mujer a nivel mundial, por eso sostengo que la música y el arte en general son expresiones de resistencia, que deben cuestionar al poder, por ello la idea de cantar Jazmines desde varios lugares del mundo, la hace más poderosa y colectiviza el rechazo a la violencia contra la mujer, especialmente esa violencia sistémica, donde los Estados son sus más grandes perpetradores”, advierte.
Marcos sigue con sueños y proyectos, Semilla, Blues del Charango, son proyectos de mucho contenido social a él no le preocupa el mercado, según su percepción, el arte en general debe cumplir un rol social en la sociedad, “debe ser activa y profunda, aún a costa de ser invisibilizado por el poder y sus socios, los dueños de la industria versus los medios”, finaliza nuestro entrevistado.
Desde este espacio saludar a este gran músico boliviano, que con esfuerzo propio triunfa en el extranjero, sin título oficial de embajador funge como tal, pronto nos reuniremos en la Gran Manzana para diseñar juntos un proyecto, fusionar música y arte plástico.
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